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atienzaLa villa de Atienza se sitúa en la falda de un empinado cerro, al amparo de un fuerte castillo roquero. Su situación geográfica le hizo ser punto estratégico en las comunicaciones entre las dos mesetas castellanas. Creció en la Baja Edad Media, llegando a contar con diez mil habitantes y una docena de iglesias parroquiales, siendo cabeza de un anchísimo territorio o Común de Villa y Tierra. El origen de Atienza es remotísimo. Fue importante enclave de población de los celtíberos, concretamente de los “titios”, aliados de los “arévacos” y “lusones”. En el cerro del Padrastro, y en el actual castillo tuvieron sus castros y poblados, habiéndose descubierto en las vegas sus necrópolis con ajuares guerreros. Esta era la antigua “Thytia” a la que nombran los cronistas latinos, como uno de los puntos de resistencia de los celtíberos en las guerras de los romanos contra estos pueblos del interior de la península ibérica. Los romanos la conquistaron finalmente, y aquí pusieron su consabido castro militar.


Los árabes hicieron de Atienza uno de sus más fuertes enclaves, levantando una fuerte alcazaba sobre la roca. La atención de los monarcas castellanos sobre ella, hizo que durante doscientos años la pelea se centrara sobre Atienza: en 870-874 la reconquistó Alfonso II, reconquistándola los moros poco después. El Cid Campeador, cumpliendo su destierro de Castilla, pasó cerca de la “peña muy fuert” de Atienza, nombrándola con respeto. En 1106, Alfonso I rey de Aragón, la conquista definitivamente, y fue en 1149 cuando el rey Alfonso VII de Castilla concede a Atienza un gran territorio, y un fuero aplicable al mismo.


A partir de mediados del siglo XII la villa crece: moros, judíos y cristianos conviven en ella en paz; surgen decenas de iglesias, de fondas, de comercios, se reconstruye el castillo, se levantan nuevas las murallas, y el pueblo entero se convierte en uno de los enclaves urbanísticos puntales de la monarquía castellana. También Fernando III, en el siglo XIII, les concede a los atencinos mercedes y exenciones, luego confirmadas por sus sucesores.


A partir del siglo XV, con la invasión de Atienza por los navarros, comenzó su decadencia, que no hizo sino aumentar bajo los Austrias: en la guerra de Sucesión, Atienza hospedó y ayudó al futuro Felipe V de Borbón; y en la guerra de Independencia contra los franceses aquí pusieron sus cuarteles generales Castaños y el Empecinad, siendo luego asaltada y saqueada por las tropas del general Duvernet. También en la Guerra Civil española de 1936-39 sufrió importantes daños e irrecuperables heridas. Acentuadas luego con la masiva emigración de sus gentes a las grandes zonas industriales. Atienza se mantiene aún viva por un breve puñado de hombres que la habitan y la aman; su conciencia histórica la mantienen los cofrades de La Caballada, los cofrades de la Vera Cruz y los cofrades de las Santas Espinas, del siglo XIV, y el turismo revitaliza en parte lo que en otros aspectos va decayendo. El estudio concienzudo y gigantesco que en torno a su historia, a su arte y a su costumbrismo realizó hacia 1945 el historiador don Francisco Layna Serrano, cuajado en una magnífica “Historia de la villa de Atienza”, hicieron también que, apresado en un libro el tiempo ido, se mantuviera de algún modo esa historia en el latir cotidiano de la villa.

EL CASTILLO
castilloUtilizado por los celtíberos y posteriormente por los árabes que construyeron fuerte alcazaba, fue de nuevo reconstruido por los cristianos tras la Reconquista. Se trata de un peñon muy elevado y alargado, del que solo queda la puerta de entrada al norte, flanqueada de espeso murallón, la torre del homenaje, de planta rectangular, con tres pisos. En la superficie del peñasco se abren dos grandes aljibes rectangulares, tallados en la roca y con restos de la cubierta abovedada de ladrillo.
El segundo recinto murado del castillo, del que aún quedan porciones, circuía al peñasco principal aprovechando una lastra inferior, permitiendo así la existencia de un camino de ronda, que hacia noroeste se ensancha notablemente.

LA MURALLA
La villa de Atienza estuvo circuida de fuerte muralla desde los momentos primeros en que los reyes de Castilla se hicieron dueños de ella, comprendiendo el gran valor estratégico del enclave. Aún se ve casi entera la ciclópea cintura de piedra y argamasa que rodea la meseta en que está la iglesia de Santa María del Rey. Tenía numerosas puertas y portillos, de los que, entre otros, quedan restos del Arco de la Guerra.

SANTA MARÍA DEL REY
Al pie mismo del castillo, en su vertiente occidental, era este lugar el barrio más importante cuando se construyó esta iglesia. Hoy sirve de cementerio de la villa. Se levantó este templo a instancias de Alfonso I de Aragón, y a él debe el apelativo que tiene. Es obra de comienzos del siglo XII. Su portada principal, orienta al sur, es obra grandiosa del románico atencino. Se trata de una profusa serie de múltiples arquivoltas concéntricas, siete en total, cubiertas por una densa masa iconográfica de personajes y figuras, unas en sentido radial, y otras siguiendo la línea de los arcos, apareciendo santos, ángeles, demonios y un largo etc de iconografía medieval.

MUSEO DE ARTE ANTIGUO EN SAN GIL
De su antigua fábrica románica solo queda el ábside, todo él construido en oscuro sillar, obra del siglo XII; es de planta semicircular, adornado de delgadas columnas adosadas que terminan en capiteles de decoración foliácea, recorriéndose el ábside de sencilla imposta decorada con trazos geométricos, y abiertas dos ventanas muy delgadas y altas, con pequeños capiteles foliáceos. En su interior se conserva una buena pila bautismal románica, y hoy es sede de un espectacular Museo de Arte Sacro, con lo mejor del arte atencino de todas las épocas, más una colección de elementos arqueológicos.

ÁDBSIDE DE SAN FRANCISCO
Escasos son los restos que de este convento franciscano han llegado hasta nosotros. Fundado antes de 1264, en la segunda mitad del siglo XIV se construyó su templo gótico, a instancias de doña Catalina de Lancaster, esposa del rey Enrique III de Castilla, y señora de Atienza. Hoy vemos su ábside, tabicados sus altísimos ventanales de arco apuntado, con decoración de finas columnas con capiteles vegetales. Obra de muy directa influencia del estilo gótico inglés.

SAN BARTOLOMÉ – MUSEO
IGLESIA-SAN-BARTOLOMESituado este templo en la parte más baja de la población, se rodea de una valla alta de piedra y de un pradillo con árboles que le confieren un encantador aspecto. Es obra construida en la primera mitad del siglo XIII. Su ábside es de planta cuadrada, adornado con finas columnas adosadas. Tiene delante una galería porticada con arcos de medio punto, y la puerta de ingreso ofrece dos arcos semicirculares decorados con rodeos y finos entrelazados de sabor mudéjar. En su interior merecen destacarse el retablo barroco del presbiterio; el gran arco triunfal románico que le precede; y la capilla barroca del Cristo de Atienza, decorada con profusión, construida en 1703. En el centro de su barroco retablo se ve el grupo gótico de Cristo en la Cruz abrazado por José de Arimatea, San Juan y la Virgen María contemplando la escena. Obra del siglo XIII, se trata de un Descendimiento en conjunto iconográfico poco visto en el arte español. Toda la iglesia está ocupada hoy por el Museo de Arte Sacro en el que se ven muchas pinturas, esculturas y una colección impresionante de piezas de Paleontología.

 

LA PLAZA DEL AYUNTAMIENTO
De forma triangular, y en fuerte cuesta, muestra esta típica plaza dos de sus costados ocupados por soportales, y todo su entorno rodeado de edificaciones de varias épocas, pero muy características de la villa y tradicionales. Destaca entre ellas el palacio del siglo XVI con gran arco adovedado y hermosísismo escudo heráldico de piedra, correspondiente a los apellidos de Bravo de Lagunas, Medrano y Mendoza; el Ayuntamiento, obra del siglo XVIII, con su severo empaque arquitectónico y su torrecilla del reloj, más gran escudo en la fachada. En el centro de esta plaza resalta una fuente del siglo XVIII, con diversas figuras de peces talladas y un enorme pilón bien trabajado.

SAN JUAN DEL MERCADO
IGLESIA-SAN-JUANPreside esta iglesia la plaza del Trigo o del Mercado. Fue construida en el siglo XII, pero se rehizo tal como hoy la vemos a finales del siglo XVI. A la gran plaza da una fachada reforzada por contrafuertes de sillería. La portada es de líneas clásicas, y el interior grandioso, de tres naves, separadas por grandes columna cilíndricas, sobre las que asientan las bóvedas del templo.
En su interior destaca el retablo principal que consta de un cuerpo central y dos laterales, separados por dos columnas salomónicas en un exuberante estilo barroco. Las pinturas son obra de Alonso del Arco. Por sus muros se distribuyen otros varios retablos, de los siglos XVI y XVII, con tallas y pinturas de algún interés.

IGLESIA DE LA TRINIDAD – MUSEO DE LA CABALLADA
IGLESIA-TRINIDADOfrece un ábside románico de clara influencia segoviana. En él se abren también tres interesantes ventanas, abocinadas, formadas por dos arcos, con capiteles finamente elaborados en los que se ven variados motivos vegetales. El interior es de una sola nave, dividida en tres tramos, con coro alto a los pies. Su bóveda es muy bella, de crucería con nervaduras, y en sus muros se abren las capillas de los Ortega, la del Cristo de los Cuatro Clavos, y la rococó de la Inmaculada. Hoy alberga un espléndido Muse de Arte Sacro, destacando entre sus piezas el Cristo arrodillado de Salvador Carmona, el Cristo de los Cuatro Clavos, la pila bautismal románica, y numerosos recuerdos de la cofradía de La Caballada.

 LA PLAZA DEL TRIGO O DEL MERCADO
PLAZA-DEL-TRIGOSe comunica con la anterior a través de una estrecha calleja en fuerte cuesta, y pasando a ella por el arco de Arrebatacapas. Es una de las más bellas plazas de Castilla. En un costado se alza la mole de la iglesia de San Juan. El resto de sus límites se conforman con edificaciones tradicionales, apoyadas en soportales de madera o piedra. Una de las casas exhibe en sus capiteles de tallada madera los emblemas del Cabildo de curas de Atienza, a cuya institución perteneció (son unas llaves cruzadas y un águila bicéfala); otras casas muestran frisos, zapatas y aleros magníficamente tallados. Este conjunto, donde antiguamente se celebraba el Mercado de la villa y su comarca, mantiene perfectamente sus esencias tradicionales dentro del ámbito de la arquitectura popular atencina.

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